Opinión

Salvador Camarena: El 2024 pasa por Cuba y Venezuela

La intención. | López Obrador ya no quiere convencer, como sí ocurrió en 2018, a las clases medias | Fuente: Presidencia

El presidente López Obrador ha definido ya el cuadrante donde quiere enmarcar la próxima elección presidencial.

Rumbo a 2018 el entonces candidato de Morena se cuidó de evadir los señalamientos que lo ligaban directamente con el régimen de Nicolás Maduro. Cuando lo acusaban de ser un nuevo Chávez tuvo frente a esa comparación una postura de ambivalencia. Nunca renegó del todo, nunca abrazó plenamente.

Ahora el Presidente es muy claro: el proyecto para el cual busca la continuidad tiene en una alianza con Venezuela y Cuba uno de sus ejes principales. No es el único, pero tampoco es menor.

De aquí a la elección Andrés Manuel forzará un debate en el que se supone que su administración no es corrupta como sí lo fueron las del anterior régimen. Ése es el primer eje de la propaganda amlista.

Insistirá en que en su movimiento no hay Duartes, Borges, García Lunas, etcétera. Y que, por ende, quien se le oponga pretende el poder para reinstalar el saqueo desde el gobierno.

Ese discurso, que no es nuevo, seguirá porque encima ha demostrado que ni casos como los de los videos de sus hermanos hacen gran mella en la popularidad presidencial.

El otro eje tampoco es nuevo: es el de primero los pobres. En éste la novedad es que ya no quiere convencer, como sí ocurrió en 2018, a las clases medias de que le apoyen en tal objetivo. Luego de las derrotas en la capital, el Presidente cree que con movilizar a los beneficiarios de sus programas, y al polarizarlos en contra de los clasemedieros aspiracionistas, tendrá los votos suficientes para barrer a la oposición.

La visibilidad del tercer eje sí es novedosa. Si bien en los primeros tres años tuvo deferencias para con los gobiernos o partidos latinoamericanos de corte similar a Morena –asilo a Evo, ayudas a Cuba que incluyen contratar médicos de la isla, proyectos en conjunto con Argentina y tolerancia a que un subsecretario se inmiscuya en negocios petroleros de Caracas–, lo ocurrido el fin de semana evidencia que AMLO ha decidido dar un paso más y abrazar su causa a la de La Habana y Venezuela.

Invitar como orador central del desfile por la Independencia a alguien como Miguel Díaz-Canel es un mensaje claro de lo que López Obrador cree que es importante en estos tiempos: se hermana a un gobierno que también se siente predestinado por la historia e incomprendido por muchos.

El Presidente de la República que permite que sus colaboradores lo vitoreen en los gritos de Independencia quiere que la próxima elección sea sobre esta pregunta: qué importa más, que vuelvan los corruptos y se devuelvan los privilegios, o que los honestos sigan poniendo la agenda de los pobres primero incluso si para ello son necesarias políticas propias de una lógica donde el fin justifica los medios, medios como acosar a la prensa y a los opositores.

Porque después de este fin de semana es imposible no concluir que Cuba y/o Venezuela representan arquetipos para Morena. Se alaba al régimen cubano, y se da protagonismo a la presencia de Maduro, porque el gobierno ve en ellos proyectos aspiracionales.

Uno supondría que en México hay bastante clase media descreída del trasnochado discurso de lo revolucionario que fue el modelo que se quiso para Cuba, o Venezuela, cuando la realidad de sus fracasos y costos es palmaria.

Para la oposición la batalla electoral pasa por preguntar si queremos ser generosos e incondicionales amigos de regímenes que violentan derechos humanos, o no. Y, claro está, por renegar de engendros como Vox.

Salvador Camarena 21.45.2021 Última actualización 21 septiembre 2021 6:45

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