Opinión

La pobreza no termina con discursos ni con mezquindad (III)

En sus manos. | De 2018 a 2020 el porcentaje de la población que vive en pobreza aumentó del 41.9% a 43.9% | Fuente: Shutterstock

En mis dos pasadas columnas hablé sobre la necesidad de hacer frente al avance de la pobreza en el país en los últimos años que reportó Coneval. En dos años, de 2018 a 2020 el porcentaje de la población que vive en pobreza aumentó del 41.9% a 43.9%, así como la que vive en pobreza extrema, del 7% a 8.5%. En estos resultados no se puede relativizar o plantear que son cambios mínimos, pues representaron cambios drásticos en la vida de 6.4 millones de personas.

El segundo tiempo de este sexenio está en marcha, con ello la oportunidad de modificar, para bien, estos indicadores. Este objetivo se puede lograr si se toma la evidencia como punto de partida, si se priorizan recursos focalizados a las poblaciones más afectadas y se consigue un consenso político que permita construir una política social redistributiva de largo aliento.

Iniciemos por revisar los indicadores de quiénes fueron las personas más afectadas durante este periodo. Los resultados publicados por Coneval mostraron que el aumento de la pobreza se concentró en las ciudades. Durante estos dos años, se registró un incremento del 36.8% a 40.1% en la población urbana que vive en pobreza.

Otro elemento que se destaca del informe es la población económicamente activa más golpeada: quienes se encuentran en las industrias de servicios y entretenimiento. Debido a la naturaleza de las políticas de distanciamiento social, entidades como Quintana Roo y Baja California Sur sufrieron el mayor revés en este periodo.

En ese sentido vale la pena repensar dos políticas sociales que ha emprendido el gobierno de López Obrador y que con modificaciones, pero conservando sus motivaciones iniciales, podrían ser parte de una respuesta ante los resultados. Estos programas son las Universidades para el Bienestar “Benito Juárez” (UBBJ) y Sembrando Vida.

La UBBJ tiene como objetivo garantizar el derecho a una educación pública de nivel superior, particularmente de la población con menos recursos de nuestro país. En este ciclo escolar cuenta con una matrícula de 28 mil estudiantes y con un presupuesto de 987 millones de pesos. Para poder lograr su meta de tener cobertura de hasta 200 mil estudiantes en 2024, así como para ser un motor de desarrollo para las comunidades, es evidente que este programa requiere hacer cambios.

Como parte de una respuesta al crecimiento de la pobreza y para lograr la reactivación económica, una vía para adecuar estos centros educativos sería el ofertar carreras técnicas o cursos para la certificación de habilidades. Con ello, podrían ser centros de docencia de cursos de idiomas, programación, operación de maquinaria y transporte pesado, entre otras ocupaciones que la industria ha señalado que tienen un déficit de personal, con una ventaja importante: estas labores no requieren de un título universitario para lograr una contratación.

Esta vía presenta varias fortalezas, por ejemplo, las certificaciones de estos cursos serían de una menor duración que un ciclo universitario y con ello representaría la posibilidad de abrir una mayor matrícula. Otra ventaja, quizás la más importante, es que los cursos podrían permitirle  al estudiante arrancar con su vida laboral en un menor tiempo. Si partimos del hecho de que el acceso a educación aumenta las probabilidades de encontrar un empleo mejor pagado, o incluso de que a mediano plazo se generen ecosistemas económicos de mayor retribución, se vuelve evidente que una política educativa seria es necesaria para revertir esta tendencia creciente en la pobreza. Las UBBJ, con estos cambios que planteo, podrían convertirse en una herramienta para lograrlo.

Otro de los programas que podrían adaptarse al entorno de las ciudades es Sembrando Vida. Esta política tiene como objetivos la reactivación de la economía local, la regeneración del tejido social en las comunidades rurales y rescatar al campo. Siguiendo esta lógica, esta política podría también dirigirse a comunidades en las ciudades, a las cuales se le podrían encargar las tareas de instalación y mantenimiento de jardines comestibles y la reforestación de la masa arbórea urbana.

Sembrando Vida en su versión citadina podría apuntalar a los ingresos familiares, a darle valor a los productos del campo y a fomentar una cultura del cuidado del medio ambiente en poblaciones urbanas, particularmente en los centros turísticos, las ciudades más golpeadas en estos meses.

No sobra decir que estas son apenas algunas ideas, mejorables y con ganas de discutirse, que persiguen abonar para hacer frente a una crisis que nos debe llamar a participar.

Esta serie de tres entregas puso al centro la acción lejos de las fronteras electorales, buscando hacer coincidir en una visión de Estado que va más allá de la pugna entre una oposición carente de ideas, reflejos o propuestas de largo aliento y un gobierno que maquilla la falta de resultados en materia de pobreza.

Debemos tenerlo claro, ni la mezquindad, ni los discursos lograrán sacar a las familias de nuestro país de las inclemencias, limitaciones y dolores que provienen de la falta de oportunidades y recursos.

Pedro Kumamoto 07.11.2021 Última actualización 07 septiembre 2021 7:11

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