Opinión

Salvador Camarena: Dos discursos

1 de mayo. | AMLO encabezó la celebración del día del trabajo | Fuente: Cuartoscuro


Al reaparecer luego de tres días de especulaciones sobre su estado de salud, que incluyeron mentiras de altos funcionarios de su gobierno, Andrés Manuel López Obrador dijo que había dedicado su reposo a adelantar dos discursos, el del Día del Trabajo y el del 5 de mayo. 

Quienes se preguntaban por qué no enviaba un video en esas 72 horas para apaciguar rumores sobre su supuesta gravedad, ya tienen una pista de cuán grave estuvo, o cuán rápida fue su recuperación: tanto como para permitirle redactar borradores de sendas alocuciones que tenía en fechas muy próximas.

Quizá el covid lo dejó muy mormado o afónico, pero –afortunadamente– no le impidió labores que demandan buena concentración. Sobre todo porque este lunes pronunció el primero de esos mensajes y es prolijo en el contexto y devenir de las luchas de los trabajadores en Cananea y Río Blanco. 

El discurso, pronunciado frente a varios líderes sindicales que han sido cuestionados por su pasado o su eternidad en el puesto, es rico en fuentes; un relato histórico que vale la pena y que ya quisiera alguna ministra a la hora de presentarlo como parte de su tesis para obtener algún grado académico. 

No sabemos si antes de reaparecer en la mañanera, el viernes pasado, el Presidente tuvo tiempo de acabar ese discurso –lo que le habría dejado libre el fin de semana para, por ejemplo, ver sin distracciones ni presión, así fuera vía remota, los juegos de beisbol en México entre Padres y Gigantes. Ni idea–.

El viernes tendremos oportunidad de escuchar el otro discurso, el relativo a la no menos histórica batalla de Puebla. Si es tan detallado como el anterior, apreciaremos una pieza de otro de los momentos estelares de la patria, donde, como se sabe, uno de los villanos del discurso del lunes (el general Porfirio Díaz) tuvo una actuación heroica.  

En lo que eso ocurre, entonces, podemos decir lo siguiente: 

Uno. Afortunadamente AMLO se recuperó pronto y lo suficiente como para, en cuestión de horas, ponerse a chambear, así fuera sin dar la cara al público que desesperaba por noticias, en primera persona, sobre él. Enhorabuena. Todo ello, por supuesto, creyéndole al tabasqueño cuando el miércoles en su mensaje nos dijo que eso se puso a hacer.

Dos. El Presidente privilegió esos discursos sobre temas del pasado, antes que enviar más mensajes en tiempo real, así fueran sólo de texto, sobre su salud en sus redes sociales. La historia siempre ha sido una de sus prioridades. 

Tres. El discurso que ya conocemos tuvo al menos tres propósitos. 

El permanente (seguir aleccionándonos sobre no olvidar la historia), el coyuntural (ligar a sus adversarios con los porfiristas asesinos y represores –“una constante de los gobiernos neoliberales o neoporfiristas fue quitar derechos y conquistas a la clase trabajadora”–) y, no menor, una suerte de despedida de fin de sexenio para sindicatos a los que, sin embargo, pide seguir juntos.

Esto es fundamental. En su convalecencia dedicó bastante tiempo al futuro: a discursos para refrendar su alianza con grupos específicos (en el caso del 1 de mayo, por supuesto, con los líderes gremiales) y para machacar a sus adversarios de hoy, esa clase política y empresarial que él liga con el porfirismo. 

Lo mismo hará, no hay que especular demasiado, con el tema del otro discurso: los conservadores. El 5 de mayo hablará de una patria en peligro ahora por los entreguistas del siglo 21. 

Él en lo suyo, en la salud y en la enfermedad. Mientras la oposición ni buena y sana tiene un par de buenos discursos.

Salvador Camarena 03.58.2023 Última actualización 03 mayo 2023 7:58

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