Opinión

Pedro Kumamoto: La memoria de esta pandemia

Y después de la tormenta... | Al terminar la crsis sanitaria, esperamos que todos hagamos conciencia | Fuente: Nación321

Aunque nos dicen que enfrentamos una crisis global, los ganadores de la tragedia son, sospechosamente, otra vez los mismos. Jeff Bezos, dueño de Amazon, logró aumentar, en menos de un mes, en cinco por ciento su fortuna y continúa siendo el hombre más rico de un mundo cada vez más desigual.

Fue a mediados de abril, durante el arranque del periodo de la pandemia en los países occidentales, en que los reportes financieros registraron un aumento de cerca de 6,400 millones de dólares en la riqueza del dueño de Amazon.

Pero si hay un aprendizaje que nos refuerza este sistema en el que vivimos, y que ahora vuelve a entrar en crisis, es que para que alguien gane, otro tiene que perder. Las tremendas utilidades del gigante de las ventas en línea no alcanzaron para mejorar las condiciones de sus empleados.

Trabajadores de esta compañía en Estados Unidos han llamado a organizar protestas y huelgas en sus filiales alrededor del mundo. Reportan horarios excesivos, salarios bajos y a ello se le ha sumado el temor sanitario en sus almacenes y rutas de reparto por la falta de protocolos de higiene frente al Covid-19.

Junto con estas acusaciones laborales, no hay que olvidar los señalamientos que se le han hecho a la firma por sus prácticas fiscales para eludir impuestos y la práctica desleal que genera en su plataforma entre sus productos y los que venden sus competidores.

A pesar de sus comportamientos extractivos y de sus terribles condiciones laborales, la empresa sigue ganando valor en sus acciones, obtiene información más precisa de los hábitos de consumo de la población global, se hace de nuevos clientes y su posición hegemónica en el mercado de la venta en línea es consolidada. 

La pandemia, contrario a lo que nos gustaría pensar, no es necesariamente un detonante de solidaridad en los multimillonarios. “No seremos mejores después de esto, o no en automático ni por inspiración divina” pone como título Gabriela Warkentin a su columna en El País y creo que tiene toda la razón.

La receta frente a la crisis que se avecina, se empieza a parecer a la que "resolvió" la del 2008. Solidaridad y apoyo a bancos, multimillonarios y compadres de los políticos poderosos. ¿Para los demás? rascarnos con nuestras uñas, apretar el cinturón y echarle más agua a los frijoles.

La enfermedad que nos azota es también política y lleva años mostrando síntomas que decidimos no escuchar. La crisis ha venido a exacerbar las desigualdades, los abandonos y las deudas. Todos los impuestos perdonados a los cuates ayer, hoy se convierten en ventiladores e insumos médicos que no llegan a los hospitales.

Los países hoy se enfrentan a la demanda de medidas extraordinarias: aumento en las ayudas y programas sociales, inyección de recursos al sistema de salud pública, generación de incentivos a la política industrial y un largo etcétera. Sin embargo, estas medidas le preceden un desmantelamiento de los servicios públicos, un sistema fiscal regresivo e injusto y la concentración de poder político en pocas manos.

Por años habíamos escuchado que los políticos de distintas naciones, incluído México, seguían la visión de que los gobiernos se debían limitar a arreglar los fallos de mercado y nada más. Son estos momentos tan complejos que demuestran que esta noción es un error.

Por eso, esta crisis no necesariamente hará mejor a la política, pero ha abierto los ojos a esta generación para reconocer lo que se pierde cuando se delega las decisiones públicas a quienes buscan desmantelar al Estado, beneficiar a sus amigos y corromper el espíritu público de los gobiernos. 

Después de esta crisis nada garantiza un mundo distinto, salvo que la sociedad recuerde este momento y lo vuelva en sus prioridades compartidas: en movimientos sociales, en organizaciones de fiscalización, en propuestas políticas, en una articulación a ras de suelo.

Yo espero que esta falta de recursos públicos se vuelva un reclamo de una reforma fiscal donde pague más quien gane más y se erradiquen los “favores” en lo oscurito. Que la zozobra que hoy vivimos se convierta en aumentos sustanciales en el gasto a salud y desarrollo científico, mayores pagos al personal de sanitario y más oferta educativa en la materia. Que esta rabia de ver lucro y corrupción operando en conjunto enciendan en la población la exigencia de que esas personas sean juzgadas y sancionadas por sus acciones.

La memoria de esta pandemia es vital para articular un cambio en nuestro país, de ella depende que logremos ganarle a quienes van a salir a apostar por el olvido y la permanencia de los vicios. No dejemos que se repitan las injusticias que hoy ya no podemos dejar de ver. 

Pedro Kumamoto 05.15.2020 Última actualización 05 mayo 2020 7:15

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